miércoles, 20 de julio de 2011

Cómo influyen las vivencias maternas en el inconsciente del bebe y condicionan su desarrollo psíquico

Cada uno de los sentimientos que tiene una mujer antes y después de concebir condiciona el modo en que un hijo transitará por su existencia. Son en especial las vivencias de la mamá las que impregnan el inconsciente del bebe.

“La vida es más que la unión entre un óvulo y un espermatozoide: importa el modo en el que un hijo es recibido por sus padres. Lo que la madre proyecta desde sus afectos es lo que después estructura la vida del hijo”, afirmó a LA NACION el doctor Gabriel Castellá durante el IV Congreso Mundial de Psicoterapia, que finalizó ayer ( 30 de agosto del 2005 Bs. As: Arg.) en esta ciudad.

Médico psicoterapeuta y docente invitado en las cátedras de psicología y de psicopedagogía de la Universidad Católica Argentina, el doctor Castellá habló frente a más de 150 psicoterapeutas sobre los fundamentos de la teoría del programa de vida, que su padre, el doctor Herminio Castellá, desarrolló en la Argentina hace 40 años.


“Todos somos portadores de un programa de vida que genera nuestra madre -explicó-. Las mujeres son las grandes transmisoras de la memoria, y lo maravilloso de esto es que se potencian las experiencias de los que nos anteceden, por eso hay que ser cuidadosos con dónde ponemos el foco de la conciencia.”

Según esta teoría, los afectos con los que la madre concibe a su hijo dejan una “marca” profunda en el inconsciente del niño o la niña. En esos afectos influyen el entorno en el que se desenvuelve la mujer, cómo reacciona ante los problemas, los sentimientos encontrados o no que le pueda producir el embarazo y hasta la información que permanece agazapada en su propio inconsciente.

Pero ¿cómo influye entonces el padre? En la afectividad entre la madre y el bebe, señaló Castellá, la función del padre “es indirecta”, ya que está mediada por las vivencias de la mujer. Por eso, recomendó el especialista en psicología transgeneracional, cuanto mejores sean el vínculo entre la pareja y su predisposición para concebir un hijo, mejor será la afectividad que recibirá ese niño.

“Técnicamente, la concepción es el momento en el que se fusionan un óvulo y un espermatozoide -explicó Castellá-. Pero desde el punto de vista vivencial, abarca las semanas previas y posteriores a esa unión. Es por esto que las circunstancias en las que la pareja, en especial la mamá, conciba al hijo influirán en las raíces que le darán para su existencia.”

Por ejemplo, si en una mujer embarazada predomina el sentimiento de impotencia durante un período de crisis en el país, esta vivencia materna formará una huella en el inconsciente del bebe que, con los años, se transformará en una sensación de que frente al obstáculo no hay salida. En cambio, si la mujer no se paraliza ante la crisis, el hijo considerará los obstáculos como una posibilidad de avance o proyección.

Por otro lado, si la madre rechaza el embarazo, cuanto más intenso sea ese sentimiento mayor será la tendencia en ese chico a la depresión. Sobre todo cuando en la mujer hay un deseo o un intento de abortar. “Esto no significa que todos los que se deprimen nacieron de madres que quisieron abortar”, aclaró Castellá.

Pero si una mujer desea interrumpir el embarazo y no lo hace por falta de dinero, según el especialista, el concepto del dinero se incorpora al inconsciente del bebe como “sinónimo de muerte”, aunque de adulto ignore este antecedente.

“Por suerte, todo esto se puede modificar si la mujer logra reelaborar esa vivencia negativa -agregó-. Si bien los sentimientos encontrados de la mamá pueden teñir la existencia del bebe, siempre subyace en ellos una fuente de amor que la terapia puede rescatar. El ser humano es el único ser viviente que no puede surgir a la vida ni mantenerse en ella si carece de amor.”

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION

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